jueves, 26 de julio de 2007

Descorazonada infancia

Queda inaugurada esta sección con un texto de Itoiz Navarro, para más señas, mi primo. Es uno de los pedazos que escribió para la página de la Ulifress, mi primer “proyecto” en el mundo de internet y que ahora recupero aquí.
De niño ciego subí por el árbol de la rama caída, aunque claro está yo no pensaba que estaba caída. La rama estar estaba, pero colgaba de un trozo hueco de madera. Yo no pensaba que la madera iba a estar hueca alguna vez. De niño ciego subí por el árbol que daba a la ventana, pero yo no sabía que la ventana estaba cerrada. Yo quería escupir dentro mis lágrimas, pero no sabía que estaba cerrada; aun así seguía escupiendo. De niño ciego subía por el árbol de la rama caída, subía hasta la copa para visitar el nido de un pájaro, cuando me daba cuenta de que el único pájaro que había era mi mano que estaba buscando algo dentro del nido. Una vez vino un pájaro, y el cabrón me sacó los ojos de un picotazo; aunque yo me reí de él, porque ya sabía que era un niño ciego. Pero lo que en realidad quería hacer era llorar, y cuando, subido en el árbol, quise volver a escupir lágrimas dentro de la ventana, pude hacerlo, porque la ventana sí estaba abierta. Lo malo es que me alegré tanto en el momento que me solté del árbol de la rama caída, y cayendo hacia el suelo me acordé de que la rama estaba caída y que sólo la sujetaba un trozo hueco de madera. Me caí al suelo, y no entiendo por qué la rama caída cayó sobre mí. En el suelo tirado me di cuenta de que esto que me pasaba era normal. Era un niño… y estaba ciego.